Declaración del 1ro de Mayo 2005
MENSAJE DEL 1º DE MAYO 2005
Conmemorando un nuevo aniversario del 1º de Mayo, el Sector Trabajadores de la Acción Católica Argentina, desde el compromiso con los principios y valores evangélicos, saluda fraternalmente a todos los hermanos y hermanas trabajadores del país.
Tenemos presente lo expresado con motivo del 1º de Mayo de 2004, cuando advertimos con creciente preocupación las situaciones de injusticia y el estado de pobreza e indigencia que afectan todavía a un importante número de familias que viven en nuestro suelo, pese al crecimiento de la actividad económica y a una importante reducción en la tasa de desempleo. Somos conscientes de que los indicadores económicos de la realidad social muestran sensibles mejoras con relación a los registrados en el año 2002, en el que se manifestaron los peores efectos de la crisis. Sin embargo, la tasa de desempleo del 12,1% está lejos de los valores aceptables de épocas pasadas, aún sin discutir la incorporación como empleados a esos indicadores de los beneficiarios del Programa Jefes y Jefas de Hogar.
Además se aprecia el alarmante el aumento del porcentaje de trabajo sucio (trabajo en negro). En Marzo de 2005, el INDEC señalaba un promedio del 48,9 % de trabajo sucio en todo el país, revelando que en las provincias del Litoral y del NOA ese porcentaje supera el 50 %. Esta dramática situación afecta los ingresos, la asistencia social y de salud, la estabilidad laboral y la recaudación previsional, precarizando de manera nefasta las condiciones del trabajo y sumiendo a las trabajadoras y trabajadores a denigrantes situaciones de vida. Por ello rechazamos el eufemismo discriminatorio de denominar a esto “trabajo en negro”, y lo llamamos con su verdadero nombre: trabajo sucio.
Por otra parte, a pesar del repunte del empleo y de los generosos indicadores de crecimiento del PBI, los datos correspondientes al último trimestre del 2004 indican un nuevo aumento de la brecha entre pobres y ricos, señalando que el 10 % de los hogares mayores ingresos recibe 33 veces más que el 10 % de los hogares más pobres. Esto indica que a pesar del enfoque social con que se llevan a cabo las acciones públicas, no se logra revertir ni desmontar los mecanismos regresivos que están presentes en el sistema de reparto del ingreso nacional.
La superación de esta situación no tiene una solución inmediata ni mágica, ya que son varios y de distinta naturaleza los factores que originan esta realidad. No obstante, el derecho de las trabajadoras y de los trabajadores a una ocupación digna y a una vida plena y sin sobresaltos, exige buscar con rapidez y vehemencia las fórmulas que gradualmente disminuyan los efectos negativos de esta realidad.
Pensamos que las soluciones deben ser primordialmente obra de consensos básicos entre los representantes de los trabajadores, de los empresarios y del Estado, en dónde este último, como gerente del bien común, es el que asume la responsabilidad mayor. Queda claro que las luchas políticas de facción por mantener o acceder al poder con el único fin de poseerlo, la distorsión del internismo, la falta de capacidad para encontrar el justo equilibrio entre las partes teniendo en cuenta principios de justicia distributiva o la utilización de metodologías de protesta que van en sentido contrario a la producción, operan inversamente a las soluciones que se necesitan. Se trata de un compromiso que también involucre al resto del conjunto social, particularmente a los formadores de opinión y los medios de comunicación, que desempeñan un papel fundamental en la definición del clima de convivencia.
De cara a esta realidad el Sector de Trabajadores de la Acción Católica renueva su convocatoria a trabajar por la Verdad, la Paz y la Justicia desde un compromiso militante y evangélico, que ponga en la primera plana de las prioridades nacionales el rescate de la dignidad de los trabajadores y de sus familias.
Para hacer realidad nuestras palabras, anunciamos el lanzamiento de una Campaña nacional de concientización sobre los enormes daños del trabajo sucio. La misma se desarrollará a lo largo de todo el presente año, y su fin será llamar a cada argentino a asumir las responsabilidades que le tocan en la creación y el fortalecimiento de fuentes de trabajo dignas, bien remuneradas e insertas totalmente en el ordenamiento jurídico vigente. Será el principio de una lucha serena y firme contra el trabajo sucio.
Asimismo, en comunión con todos los hombres de buena voluntad, manifestamos nuestro dolor y tristeza por la muerte de Juan Pablo II, mundialmente reconocido como un incansable luchador por la paz y la fraternidad entre todos los hombres. Su palabra clara y vibrante, colmada del Espíritu evangélico, resonó en muchas oportunidades condenando la pobreza extrema, la exclusión y la discriminación. Y auguramos para Benedicto XVI un ejercicio del pastoreo universal que guíe a todos los hombres hacia una convivencia pacífica y edificante de la humanidad, en la que el trabajo digno se haya constituido en el eje central de las relaciones humanas.
Hacemos nuestras las sigueintes palabras que Juan Pablo II pronunciara oportunamente, y que bien pueden ser nuestro programa de vida:
“Es necesario subrayar que el elemento constitutivo y a su vez la verificación más adecuada de este progreso en el espíritu de justicia y paz (,̷
es precisamente la continua revalorización del trabajo humano, tanto bajo el aspecto de su finalidad objetiva, como bajo el aspecto de la dignidad del sujeto de todo trabajo, que es el hombre. (…) Una verificación del progreso será el reconocimiento cada vez más maduro de la finalidad del trabajo y el respeto cada vez más universal de los derechos inherentes a él…” (Encíclica Laborem Exercens, 18, 14/09/1981)
“Hay que dedicar atención particular a los jóvenes que buscan empleo, a los desempleados, a los que tienen un salario insuficiente o carecen de medios materiales; es esencial que todos se movilicen en favor de la inserción y de la reinserción del conjunto de la población en edad de realizar una actividad profesional, y que con una solidaridad cada vez más activa se superen las situaciones de pobreza y miseria que ofenden la dignidad.” (Mensaje al Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos, San Pablo, 07/05/2000).
Por último recordamos hoy a San José Obrero, maestro del Maestro, e inspirándonos en su ejemplo confirmamos nuestro compromiso de ser testigos de Cristo en el mundo del trabajo, actuando como obreros del Reino de Dios y constructores de su justicia. En Buenos Aires, para toda la República, en uno de mayo de dos mil cinco.
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