Nennolina. Beata esta niña de seis años.
Hoy en día necesitamos sanar de todos los venenos que sutilmente nos son inyectados a través de los medios y volver a recuperar la inocencia perdida.
Existe para ello un camino seguro y sublime: el volver a maravillarnos ante la inocencia de los niños.
¡Qué magnífico reflejo de Dios son los niños! Su inocencia le hizo decir a Jesús:
¡Dejen que los niños vengan a mí, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos!
Hoy presentamos a la santa más joven de nuestro tiempo: a la pequeña Antonietta Meo, llamada familiarmente Nennolina, sierva de Dios, muerta en Roma de un cáncer a los huesos a los 6 años y medio (1930-1937).
Tenía un extraordinario amor por Jesús; a pesar de que en su familia nadie manifestara un especial fervor hacia Dios, Antonietta acostumbraba escribir un mensajito a Jesús cada noche, y colocarlo debajo de la imagen del Niño Jesús, quien durante la noche vendría a leerlo.
Como era muy pequeña y aún no sabía escribir, le dictaba las cartas a su madre. Hacia el final de su vida, ya lograba escribir aunque con dificultad. Sus palabras revelan su muy profunda relación y vida mística, sus coloquios con Jesús, con Dios Padre, con el Espíritu Santo y la Santísima Virgen.
En sus cien cartas, recorremos su calvario en el que supo, movida por el amor, transformar su Via Crucis en camino de alegría.
Envio de Antonio Ostojic
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