31/03/2008

Movilidad Jubilatoria Ya

Morales interiorizó a jubilados sobre la movilidad previsional

Apoya presentación del único Defensor del Pueblo, Eugenio Mondino

Dentro de la labor que viene cumpliendo el presidente de la comisión de Trabajo y Previsión Social del Senado de la Nación , el senador jujeño Gerardo Morales, para el reestablecimiento del 82% móvil para las jubilaciones, se cumplió una reunión en Libertador para transmitir los avances en esta cuestión y recoger las peticiones de jubilados de distintos sectores y trabajadores.

 Además de Morales, tomaron parte el diputado nacional Alejandro Nieva, los diputados provinciales Alberto Bernis y Olver Legal y la concejal ledesmense Silvia Paredes.

La Escuela Comercial Nº 6 de Jujuy fue el lugar de encuentro. En el mismo, Morales indicó que en lo jurídico, la demanda al Estado del defensor del Pueblo de la Nación , Eugenio Mondino, cuenta con la adhesión de la UCR y el Partido Socialista como amigos del Tribunal, dando así mayor fuerza a la exigencia de efectivizar los efectos colectivos del fallo Badaro (donde la Corte Suprema de la Nación reconoció el 82% móvil y exigió al Poder Ejecutivo y al Congreso nacional mecanizar la generalización de tal fallo a todos los jubilados).

Desde el Congreso, el senador Morales, tras la redacción del Proyecto de Ley por la restitución de la movilidad, inició junto a Mondino y Rubén Giustiniani (Presidente del Partido Socialista), la campaña “Movilidad jubilatoria Ya, que somete a iniciativa popular tal proyecto, estableciendo así que el tratamiento del mismo sea prioritario. Esta campaña de adhesión será a nivel nacional.

En el plano judicial, Morales presentó en el Congreso una Declaración para evitar que el gobierno desvíe los fondos de los jubilados a obras públicas; por el mismo objetivo, también se inició una acción judicial que impida el uso del superávit de la ANSeS en tales maniobras.

En el Congreso, asimismo, Morales y Giustiniani solicitaron una Audiencia Pública.

Diario Jujuy 30 de marzo de 2008



23/03/2008

Paso de las AFJP al sistema estatal

JUBILADOS COBRARAN DIRECTAMENTE DE LA ANSES.


Desde abril, 24.500 jubilados que actualmente cobran sus haberes a través de una AFJP pasarán a percibir sus jubilaciones en forma directa de la ANSeS , el organismo que regula el sistema estatal.

La medida se adoptó porque esos jubilados ya no disponen de fondos en sus cuentas de capitalización en el régimen privado y sólo están cobrando la parte correspondiente al Estado.

Hasta ahora, todos los meses la ANSeS estaba transfiriendo su parte a la AFJP para pagarles a esos jubilados. Desde abril, les pagará directamente el Estado.

Esos jubilados seguirán percibiendo sus haberes en los mismos bancos que están cobrando ahora, con la garantía de la jubilación mínima de $ 655 que, a partir de julio sube a $ 690.

La jubilación de las AFJP tiene dos partes. Una es la pública por los años aportados al Estado, más la Prestación Básica Universal. La otra es privada, según los fondos que acumularon en las AFJP. Pero cobran esas dos partes directamente de la AFJP , previo envío de la ANSeS de los fondos por la parte que le corresponde.

Para evitar esa intermediación, y “la carga administrativa y costos adicionales que el proceso de remisión de fondos a las AFJP conlleva”, en 2006 la Superintendencia de AFJP y la ANSeS resolvieron que “los afiliados del régimen de capitalización, cuya cuenta de capitalización individual haya agotado su saldo” cobrarán sus jubilaciones “en forma directa y a través de las entidades que conforman la red de pagos de la ANSeS “.

Hoy el grueso de los haberes de los jubilados de las AFJP proviene del Estado por los años aportados antes de afiliarse a la jubilación privada. En muchos casos, esos jubilados acumularon pocos fondos en sus cuentas porque se afiliaron al régimen privado poco tiempo antes de jubilarse o estuvieron un tiempo desocupados o tenían sueldos muy bajos.

En esos casos, esos jubilados no reunieron fondos suficientes para obtener una “renta vitalicia” o de por vida. Y tuvieron que optar por el “retiro programado” así llamado porque el jubilado va cobrando todos los meses una parte de sus fondos hasta agotar el saldo de su cuenta individual. 
Fuente diario Clarín 
Por:  Ismael Bermúdez
 



18/03/2008

El desafío de adaptarse

Salud o Enfermedad 

El solo hecho de jubilarse implica cambiar las condiciones de la existencia cotidiana: levantarse a determinada hora, no estar en casa…

Abruptamente, la vida es otra cosa; aparecen conflictos. Hay que reformular muchos aspectos de la existencia, como la relación con la familia, con la pareja, incluso, antes más restringida a los momentos en que no se trabajaba. Se pierden ámbitos, tareas, experiencias, relaciones, y hay que buscar otros que los reemplacen. Si no se logra, lo que falta será sustituido por la enfermedad.

Aunque la jubilación se refiere a la esfera laboral, es muy frecuente, y más en países como el nuestro, que el jubilado se sienta retirado de lo que fue hasta entonces su existencia. No sólo por la importante pérdida de ingresos, que afecta su nivel de vida, sino por la dificultad para mantener ciertos modos de estar en el mundo que hacen a la singularidad de las personas.

De ahí que los países avanzados desarrollen programas de prejubilación que sirven como preparación previa, de modo que se llegue escalonadamente al momento de la jubilación y sea posible ir gestando gradualmente nuevos proyectos.

Por Eugenio Semino .

El autor es el defensor de la Tercera Edad
LA NACION 17 de marzo de 2008



13/03/2008

El Interrogante mayor del ser humano: VIDA o MUERTE

Misa con familiares de las
Víctimas de Cromagnon
 
Homilía de monseñor Eduardo Horacio García, obispo auxiliar de Buenos Aires, en la misa de familiares y víctimas de Cromagnon
(9 de marzo de 20 8)
 
• “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá: y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre.” Esto es lo que desde el evangelio de Juan hemos proclamado hoy. Esto dijo Jesús a su buena amiga Marta e, inmediatamente, le preguntó: “¿Crees esto?”.
• Es una afirmación de Jesús y una pregunta que se dirigen a lo más hondo de cada uno de nosotros y que sólo desde esta hondura puede captarse y puede responderse. Desde la hondura de experiencia y de realidad humana en que las palabras “vida” y “muerte” tienen sentido, son algo decisivo para cada mujer y cada hombre, son lo más decisivo e importante.
• A la pregunta de su amigo Jesús: “¿Crees esto?” Marta responde con un “Sí, Señor”, “Yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”. Es decir, porque cree en Jesús como Mesías, como Hijo de Dios, como Enviado del Padre, se atreve a decir que también cree en aquello tan difícil de creer para el hombre: que el que haya muerto, vivirá, y el que está vivo, no morirá para siempre. Es su fe en Jesús lo que le permite dar el salto a la fe en la victoria de la Vida sobre la muerte, el salto a la fe en la resurrección personal.
• Marta conocía la vida de Jesús, su trayectoria, sus palabras y sus acciones, sus actitudes, las posturas que había tomado ante tantas y tantas cuestiones importantes para la vida de aquellos hombres; y Marta estaba convencida de que Jesús era de fiar, de que era “legal” —como gustan decir muchos jóvenes hoy día— y aceptaba, por tanto, que no había engaño en su palabra, que había sinceridad en él.
• Jesús había mostrado su fiabilidad, su credibilidad, no en momentos espectaculares y grandiosos, sino en el trato diario con los hombres y las mujeres, en su actitud ante los pobres, enfermos, marginados, en su valor para desenmascarar las hipocresías religiosas, en su libertad ante todo y ante todos.
• Cada día, en cada momento, este evangelio cobra vida. La muerte no es sólo el instante final. La muerte, en definitiva, no es sino la culminación de todas las pequeñas muertes diarias llamadas miedos, limitaciones, ignorancias, humillaciones, esclavitudes, sufrimientos, angustias. Y el miedo a la muerte es lo que hace al hombre impotente para luchar. Jesús libera al hombre de la muerte, le salva de su miedo y lo hace capaz de resistir, ya, toda opresión.
• Innumerables son hoy nuestros sepulcros. Desde las catacumbas hasta los sepulcros grandiosos o artísticos. Tumbas de cristianos, marcadas por una serena esperanza. Pero hay otra clase de sepulcros donde muere la esperanza.
• El sepulcro de la tristeza. Cuando el pesimismo o la desilusión nos envuelve, algo muy importante ha muerto en nosotros: cuando no disfrutamos con entusiasmo la existencia, ni no escuchamos la sinfonía de la vida, no podemos reír al menos una vez al día, el no poder entrar en comunión con la naturaleza, el alegrarse por la verdad y el amor, es estar avaramente muertos.
• El sepulcro del egoísmo. El que no ama está muerto. Vivir para sí es condenarse a morir por asfixia. Sólo el que pierde su vida, vive. Sólo el que vive con, por y para otro está vivo.
• El sepulcro de la esclavitud. Las esclavitudes íntimas, las de las cosas, de las circunstancias, de los prejuicios, de los demás. Muchos son los tiranos, que se apoderan del nombre de cultura, progreso, consumo, patria, incluso religión. Hemos vendido el alma por un bienestar y ha muerto nuestra capacidad de trascendencia, de buscar más allá.
• El sepulcro de la falsedad y el error. Se nos pinta la realidad del color que le conviene a algunos y vivimos en un mundo de engaños. Se nos ha falseado la verdad del amor, la felicidad, el éxito, el sufrimiento, la muerte y la vida. Si vivimos en una realidad falsa estamos muertos a la verdadera vida.
• Vivimos más de ilusiones que de verdades. Vivimos más de recuerdos y deseos que de esperanzas constructoras. Somos, pero no nos tenemos y así, estamos muertos.
• El sepulcro del miedo. Del miedo a enfrentarse a la propia verdad, del miedo a lo que puede pensar o decir la gente, del miedo al tiempo, a los años, al fracaso, a la soledad, al dolor, a la vida.
• El sepulcro del vacío. Estamos llenos de cosas, pero insignificantes, preocupados por una cantidad de problemas, sin importancia estamos vacíos; relacionados con muchos maneras, pero superficiales; apurados, pero sin rumbo. Es la por anemia. Se nos escapó el alma.
• Vivimos sin vivir. La verdadera vida se nos escapa: “algo que nos pasa, mientras nosotros estamos ocupados en otra cosa” (J. Lennon). ¿Quién abrirá nuestros sepulcros? Sepulcros de mediocridad, ni fríos ni calientes, endurecidos y acostumbrados, ¿quién nos dará la mano para salir de esas grises  sepulturas? ¿Y quién gritará y llorará sobre nuestras tumbas para rescatarnos de la muerte y devolvernos el calor de la vida?
• Pero hoy escuchamos otra vez la promesa que da sentido a la vida: “Yo abriré sus sepulcros”. “Yo soy la Resurrección y la Vida; quien cree en mí, aunque muera, vivirá.” Sólo un Dios que ama puede hablar así. Un Dios que comunica vida sin cesar, un Dios que incesantemente Creador, un Dios que se llama Amor.
• “Yo abriré sus sepulcros”: Dios no nos creó para la muerte. Dios nos está creando ininterrumpidamente. Ininterrumpidamente está soplando sobre nosotros su Espíritu vivificador, ininterrumpidamente nos está curando y levantando las losas de nuestros sepulcros, y nos está gritando: “¡Yo soy la Resurrección y la Vida!”. Así todas nuestras muertes se están convirtiendo en Pascuas.
• “Yo abriré sus sepulcros”: Yo convierto sus tristezas en fiesta, no hace falta quitar el dolor, sino iluminarlo de forma distinta, mirarlo con ojos nuevos.
• Yo los libro de sus miedos y esclavitudes, para que sean hombres libres para siempre. Yo estoy saciando su sed y su hambre, y pondré en sus entrañas agua y comida inagotables. Yo los llevo a la región de la Verdad y del Amor, y los hago mis hijos predilectos.
• “Yo abriré vuestros sepulcros”: No se guarda Dios sólo para la vida eterna. Nos la empieza a conceder ya. La vida eterna no es duración ilimitada de nuestra experiencia y nuestra historia, sino la entrada en una nueva dimensión, superadora de todo lo que pueden esperar y soñar. Espíritu derramado en el corazón, Reino de Dios en nosotros. Dios mismo que mora en nuestra casa.
• “Yo soy la Resurrección y la Vida”: Si Él, si la Vida está en nosotros, ya podemos mirar a la muerte con ojos y corazón distintos. La muerte no tiene por qué ser amarga. Si Jesús es la vida ya no habrá muerte. No hay nada que temer. La muerte, vencida, ha sido incorporada a la Vida. La muerte es vida.
• En esto creemos, esto celebramos y ésta es la esperanza que nos mantiene vivos.
 
Monseñor Eduardo Horacio García, obispo auxiliar de Buenos Aires